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Clases con abrigo en la universidad del sur: la Rey Juan Carlos recorta la calefacción

La URJC, con campus en Móstoles, Alcorcón y Fuenlabrada, limitará la calefacción este invierno por el precio del gas. El «plan histórico» de financiación de Ayuso deja a Madrid lejos del 1% del PIB que marca la ley.

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Edificios del campus de Móstoles de la Universidad Rey Juan Carlos
Foto: Zarateman / Wikimedia Commons (CC0)

Las portadas de la derecha llevan días hablando de trenes, de ministros y de encuestas. De la universidad pública del sur de Madrid, nada. Y sin embargo esta semana ha llegado a decenas de miles de estudiantes, docentes y personal de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) un comunicado que lo dice todo: este invierno habrá menos calefacción.

Qué ha pasado

Según adelantó la Cadena SER y ha publicado infoLibre, la Gerencia General de la URJC comunicó a la comunidad universitaria que la temporada de calefacción 2026-2027 empezará con restricciones, por el encarecimiento del gas natural, y que obliga a adoptar «medidas inmediatas de contención del consumo energético».

La URJC no es una universidad cualquiera para nosotras y nosotros: es la universidad pública del sur, con campus en Móstoles, Alcorcón y Fuenlabrada, además de Vicálvaro, Madrid y Aranjuez. Es donde estudian las hijas e hijos de los barrios obreros que no pueden pagarse una privada ni un piso en el centro.

El miedo: acabar como la Complutense

Alumnado y profesorado temen, según infoLibre, que este ajuste sea el preludio de un préstamo de la Comunidad de Madrid que habría que devolver con intereses. No es una hipótesis gratuita. En 2025 la Complutense cerró con un resultado negativo de 33,19 millones y el Gobierno regional le concedió un préstamo de 34,5 millones; a cambio, la UCM mantendrá hasta 2028 una retención del 35% de su crédito. Es decir: la Comunidad infrafinancia, la universidad entra en números rojos y luego la Comunidad le presta dinero a cambio de recortes.

El «plan histórico» que no calienta las aulas

El Gobierno de Ayuso presentó en marzo el acuerdo de financiación plurianual 2026-2031 con los seis rectores como el fin de la crisis. Las cifras, analizadas por El Salto, cuentan otra historia:

  • La transferencia nominativa pasa de 1.166 a 1.646 millones, pero en 2031: el grueso del aumento llega al final del periodo.
  • El gasto en educación superior sube del 0,4% al 0,45% del PIB regional, frente a una media estatal del 0,7% y al 1% que fija como objetivo la ley universitaria (LOSU).
  • A la URJC le corresponden 971,9 millones en seis años.
  • Según un informe de la plataforma UCM por la Pública citado por El Salto, las cuatro universidades públicas españolas con menos financiación por estudiante son madrileñas.

La sección sindical de CCOO en la Complutense lo resumió así: el acuerdo mejora algo porque «a peor no se puede ir», pero queda «muy lejos» del 1% del PIB y no está claro que el aumento supere siquiera al IPC. Con la inflación en el 4,9%, esa duda se ha convertido en certeza para la factura del gas.

Dinero hay; prioridades, otras

Mientras la universidad pública del sur racionará la calefacción, el mismo Gobierno regional destina 43,5 millones a becas para el bachillerato privado. No es un problema de recursos. Es una elección.

Por eso la comunidad universitaria no está quieta. La URJC y la Complutense se sumaron el 14 de octubre a la huelga de la educación pública madrileña, y la plataforma sindical universitaria (CCOO, CGT, CNT y UGT) convocó dos jornadas de huelga los días 4 y 5 de noviembre contra el acuerdo de financiación. Sus reivindicaciones van de la mano de las de la marea educativa: más financiación, plantillas dignas, freno a la privatización y vivienda asequible para estudiantes y trabajadores.

No es un invierno: es un modelo

El recorte de calefacción se puede corregir con una partida de urgencia, y hay que exigirla ya. Pero conviene hacerse la pregunta de fondo: ¿cuál es la solución definitiva? Porque lo que pasa en la Rey Juan Carlos no es un accidente aislado. Es el mismo patrón que vemos en una sanidad pública con cientos de miles de pruebas sin cita, en una educación pública en huelga mientras se becan los centros privados o en una política de vivienda que no llega a los barrios del sur.

El patrón se repite: se financia por debajo de lo necesario, el servicio se deteriora, se recorta o se endeuda para aguantar y, al final, se presenta lo privado como la alternativa eficiente. La universidad madrileña lleva años en el 0,4% del PIB regional, por debajo de la media estatal, y el plan firmado en marzo deja el grueso del aumento para 2031. No es falta de dinero. Es una elección política, y se ha repetido gobierno tras gobierno.

La solución se vota

Las protestas, las huelgas y las mareas son imprescindibles: sin ellas nada de esto estaría en la agenda. Pero las prioridades de un presupuesto las fija quien gobierna, y en la Comunidad de Madrid quien gobierna se decide en las urnas. La financiación universitaria es competencia autonómica, y las próximas elecciones autonómicas son en 2027.

Por eso hay que decirlo con claridad: seguir votando a la derecha que ha diseñado este modelo es votar por más de lo mismo. Y lo pagan, sobre todo, quienes más lo necesitan: la estudiante de Parla que no puede pagarse una privada, el profesor asociado que encadena contratos precarios, las familias de Fuenlabrada, Móstoles o Alcorcón para las que la universidad pública es la única puerta de entrada a la educación superior. Quienes tienen recursos siempre tendrán una alternativa. Las y los demás, no.

Hace falta apostar por otra cosa: por las fuerzas que defienden la universidad pública como un derecho y no como un gasto, que se comprometan a llegar al 1% del PIB con un calendario y una ley, y que entiendan que estudiar en Móstoles debe tener la misma calidad que estudiar en cualquier otro sitio. Esa solución no la va a traer un comunicado de la Gerencia. Tiene que salir de la calle y llegar a las urnas.

Que se oiga: la palabra la tiene la juventud

Hay algo que ninguna nota de prensa de la Consejería puede tapar: la experiencia de quienes estudian y trabajan en esas aulas. Si este invierno hace frío en las clases de Móstoles, Alcorcón o Fuenlabrada, que no se quede en un comentario al salir de clase. Que se cuente.

Las redes sociales de las y los estudiantes llegan a donde no llegan las portadas. Una foto del termómetro del aula, un vídeo de una clase con abrigo o un hilo explicando cuánto cuesta cada mes estudiar, desplazarse y pagar una habitación hacen visible lo que los presupuestos esconden. Y hablarlo en casa, con la familia, con el grupo de amigos o en el trabajo de fin de semana convierte un problema que parece individual en lo que es: un problema colectivo con responsables políticos.

  • Cuéntalo en tus redes, con datos y con tu experiencia. Lo concreto convence más que cualquier eslogan.
  • Hazlo con cuidado: no difundas la imagen de compañeras, compañeros o docentes sin su permiso.
  • Habla en tus círculos: muchas familias del sur no saben que la universidad de sus hijas e hijos está infrafinanciada ni quién lo decide.
  • Organízate: las asambleas de estudiantes, las delegaciones de campus y las secciones sindicales son el lugar para convertir el malestar en reivindicación.
  • Escríbenos a redaccion@comarcasur.es si quieres compartir tu testimonio. Comarca Sur existe para que se oigan las voces que no salen en otros medios.

La derecha cuenta con que la juventud se resigne o se desentienda. Cada vez que una estudiante explica en voz alta por qué tiene frío en clase, esa apuesta pierde.

Lo que pedimos desde el sur

  • Que la Comunidad de Madrid cubra de inmediato el sobrecoste energético de las universidades públicas, sin préstamos ni intereses.
  • Un calendario real para llegar al 1% del PIB en educación superior, como marca la LOSU.
  • Transparencia: que la URJC publique qué edificios y horarios se verán afectados en los campus de Móstoles, Alcorcón y Fuenlabrada.

Estudiar con el abrigo puesto no es austeridad: es la factura de una política que lleva años asfixiando lo público para luego decir que lo público no funciona. Contarlo es el primer paso para cambiarlo.

Fuentes

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